Tomemos conciencia sobre la quema de pastizales y sus consecuencias ambientales

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La quema de pastizales o la quema de campos es una práctica muchas veces recomendada para el manejo de los pastizales naturales, denominada quema o fuego prescripto o fuego controlado. Éstos son realizados siguiendo un estricto protocolo en el que se consideran todos los factores que influyen en la realización, propagación y permanencia del fuego en el pastizal.

La quema prescrita es una herramienta que requiere un objetivo claro, experiencia en su uso y habilidad en la ejecución. Exige profundos conocimientos de meteorología (comportamiento del viento, humedad y temperatura ambiente), del material combustible (tipo de vegetación de la zona) y comportamiento del fuego; así como familiaridad con la topografía de la superficie a quemar. Hay que añadir, como requerimiento, un suficiente conocimiento de la respuesta al fuego de las especies vegetales del ecosistema. Si todos estos aspectos son debidamente atendidos, muchos forestales y ganaderos podrían hacer uso provechoso de las quemas prescritas. Nada de esto es tenido en cuenta en los recurrentes mega incendios de pastizales que año a año ocurren, preponderantemente en los pastizales serranos de nuestra provincia.

El fuego arrasa con miles de hectáreas provocando un efecto letal en la fauna silvestre y doméstica; un efecto muchas veces irreversible en la composición fisonómica y florística de los ecosistemas. Más grave aún es el efecto secundario: las areas frecuentemente incendiadas son nacientes de las más importantes cuencas hídricas de la provincia, las que proveen de agua potable y para consumo agro ganadero y que abastecen la recarga anual a los acuíferos subterráneos. La desprotección de estas áreas vitales pone en riesgo la vida de las poblaciones. Los suelos de las altas cumbres y el de las laderas son retenidos gracias a la acción de la vegetación. Por consiguiente, la eliminación de la misma favorece el escurrimiento del agua en detrimento de la infiltración. A causa de esto, las crecientes estivales son de mayor caudal, provocando inundaciones con la consecuente destrucción de obras civiles; caminos y puentes son destruidos una y otra vez por la acción de las crecientes; ¿cuánto significa para el estado hacer frente a estos embates? Sólo dos ejemplos: la ruta de la quebrada de la Cébila y el puente sobre el río Santa Cruz.

Otro efecto, que para la mayoría pasa desapercibido, es la aceleración de la colmatación de diques. La aceleración del escurrimiento del agua transporta un mayor caudal de sedimentos que irremediablemente son depositados en las partes más bajas de las cuencas, donde generalmente se construyen los diques.

Como formadores de profesionales comprometidos con su entorno, Ingenieros Agrónomos, Ingenieros de Paisajes, Técnicos en Parques y Jardines y Técnicos en Procesamiento de AgroAlimentos, no podemos ser mudos testigos de la destrucción sistemática de nuestros frágiles ecosistemas, de la muerte y extinción de nuestro patrimonio natural, de las pérdidas millonarias ocasionadas por la búsqueda ignorante de mejores pasturas para el ganado. Formamos a nuestros profesionales en la conciencia ambiental, en la cultura de producir conservando para seguir produciendo.

Por todo esto, solicitamos a las autoridades gubernamentales que tomen las medidas necesarias para evitar la recurrente catástrofe de la que los catamarqueños somos mudos testigos. Desde nuestra facultad nos ponemos al servicio de la comunidad para capacitar a los productores ganaderos y brindar talleres de concientización sobre las correctas prácticas agronómicas. Asimismo, es imperioso concientizar a la población sobre la importancia del uso prescripto del fuego, como herramienta de manejo de los pastizales y desalentar la realización la quema de pastizales de manera irracional y sin prever sus consecuencias, una costumbre que no soluciona la problemática del bache de forraje invernal y que, por el contrario, trae aparejadas consecuencias ambientales irreversibles para ellos y para la comunidad toda.

Finalmente, pedimos a la sociedad que también se involucre tomando conciencia del cuidado de nuestra casa común, evitando hacer fuegos en zonas inflamables, apagando bien las colillas de cigarrillos, los fuegos para cocción de alimentos o aquellos generados para calefacción, a fin de que todos aportemos en la lucha contra este flagelo que nos aqueja año a año y que tanto daño ambiental provoca.

Facultad de Ciencias Agrarias, UNCA
21 de agosto, 2020